H O M E N A J E
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Roger
Sperry
(1913 - 1994)
Roger
Sperry nació el 20 de Agosto de 1913, en Hartford, Connecticut.
Su trabajo sobre el "Cerebro Dividido" arrojó luz
sobre las funciones cerebrales. Sperry describió la especialización
de cada hemisferio de manera que el izquierdo, generalmente el lado
dominante, está implicado en el razonamiento, la lengua,
la escritura y la lectura, mientras que el hemisferio derecho, en
general menos dominante, está implicado más en procesos
no verbales, tales como arte, música y comportamiento creativo.
Para llevar a cabo sus investigaciones, utilizó quimeras.
Además de un animal fabuloso, la quimera es una imagen compuesta
por dos mitades diferentes. Sperry eligió como sujetos de
investigación a pacientes que, por diversas causas, tienen
desconectados ambos hemisferios, es decir, han sido callosotomizados.
Puestas estas personas delante de una quimera -por ejemplo, un "rostro"
formado por dos mitades de rostros diferentes- se mostraban incapaces
de notar el artificio. Le pedía al paciente que diera una
respuesta verbal acerca de lo que veía; se sabe que las funciones
del lenguaje están localizadas en el hemisferio izquierdo;
pues bien, el paciente hablaba y decía que veía la
mitad de la imagen que correspondía a ese hemisferio. Luego,
se le pedía que agarrara con la mano izquierda (que está
comandada por el hemisferio derecho) una copia del objeto que veía
y que tenía a su disposición entre muchas otras imágenes,
sobre una mesa delante suyo; entonces, el paciente elegía
la copia de la imagen que correspondía a su hemisferio derecho.
Su trabajo señalando al cuerpo calloso como "puente"
entre ambos hemisferios cerebrales y las implicancias en el estudio
y tratamiento de la epilepsia y otras enfermedades mentales le valieron
el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1981.
El profesor Sperry continuó sus investigaciones hasta su
muerte, el 17 de abril de 1994.
Rp./
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1997-03 Rp./internet |
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INSTITUCIONAL
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Nosotros, los de entonces...
Probablemente iniciamos la vida en los océanos.
Cuando las olas nos arrimaron a la orilla, hubo quienes reptaban sobre
las arenas, otros que iniciaban su vuelo por los cielos y aquellos
que nos erguimos y más tarde fuimos Neanderthal y luego humanos.
Nosotros, los de entonces, tuvimos alguna primitiva idea acerca del
calor y nos hicimos del fuego para siempre.
Para siempre luce como mucho tiempo, sobre todo cuando
aquel Neanderthal data de hace apenas unos 30 mil años y porque
decir que pensábamos el fuego, ya es aludir al cerebro.
Y nombrar al cerebro, hilvanando ideas y tiempo, es relacionar sus
funciones, la mente, con la evolución de la especie.
En esa selección natural se deja ver la falla, aunque tendamos
siempre a ver sólo el avance. Si hubieron especies que mutaron
y otras que desaparecieron, allí está la diferencia
entre adaptación para sobrevivir o morir, fallecer.
De esto nos ocupamos quienes trabajamos en la Salud: de las fallas,
de cómo prevenirlas, de cómo curarlas.
La década del cerebro es infinitecimalmente pequeña
dentro de la evolución de las especies. Pero este número
de R/P Internet honra a las personas y pondera las conquistas en este
terreno, que han convertido a este período de la Historia de
la Medicina, en un Gran Tiempo. |
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