La importancia de la evaluación predeportiva
Dic, 2008 • Destacados, Número 41, Rp Internet
Jón Páll Sigmarsson, islandés ganador del Hombre Más Fuerte Del Mundo en cuatro ocasiones. Murió en 1993 a los 32 años de un infarto mientras practicaba. Su familia tenía antecedentes de ataques cardíacos.
Durante años las “Apiladas” ocupaban la contratapa de la revista El Gráfico. Allí el periodista Ricardo Lorenzo, bajo el seudónimo de Borocotó. rescataba a la niñez del potrero, al jugador pícaro y desenfadado cuya escuela en el deporte y en la vida era la calle. Personajes como Comeúñas, el Lecherito, el Flaco, el Rusito… soñaban con llegar a cracks en un equipo ficticio llamado Sacachispas (que actualmente milita en Primera D). Esas historias, tan apreciadas, llegarían al cine en varias ocasiones siendo, tal vez, Pelota de Trapo (1948) la más arquetípica. La película narra la historia de un pibe de potrero que llega a jugar en Primera División y cuya carrera termina cuando le es detectada una cardiopatía. Una vida se salvaba, pero una carrera prometedora llegaba a su fin. Con los años la trama se ha reflejado cientos de veces en la vida real y en otras tantas oportunidades ha mostrado su cara más dramática: la muerte súbita.
Pocos días antes del comienzo de los Juegos Olímpicos de Beijing en China 2008, los titulares de los diarios advertían sobre la necesidad de efectuar chequeos médicos a los atletas.
En un artículo publicado el 20 de julio de 2008, la Agencia Oficial de Noticias Telam señalaba: El COA recomendó a los atletas realizarse chequeos para prevenir la muerte súbita. Un deportólogo del Comité Olímpico Argentino recomendó a los atletas que participarán en los Juegos de Beijing 2008, que además del electrocardiograma (ECG) en reposo, habitual, realicen otro en actividad, como forma de prevenir accidentes cardiovasculares o muerte súbita, pero admitió que nada da una garantía del 100%.
La recomendación surge tras un estudio de investigadores italianos del Instituto de Medicina del Deporte de la Universidad de Florencia, que demostró que muchos de los atletas presentaron trastornos durante una ergometría que no habían aparecido en el trazado de reposo.
Entre 2002 y 2006, el equipo de investigadores practicó un ECG en reposo y otro en actividad a más de 30 mil personas que aspiraban a competir en distintas disciplinas.
Los resultados, publicados en la revista especializada British Medical Journal, concluyeron que el 6% presentó anomalías en el ECG de reposo, en tanto el 5% mostró problemas en el de ejercicio. El dato alarmante es que este último grupo de 1.227 personas no había mostrado ningún síntoma en el primer electrocardiograma.
Por otra parte en España se publicó un artículo: La muerte súbita en el deporte. Registro en el Estado Español. Con datos del Registro Nacional de Muerte Accidental y Súbita en Deportistas de España, se observó que sobre 180 casos de Muerte Súbita, 164 eran varones, 12 mujeres (4 no determinados). Los deportes con mayor número de casos fueron el fútbol (40), ciclismo (39), atletismo (24), fútbol sala y deportes de frontón (8 cada uno) y educación física (7). Al evaluar los grupos etarios se comprobó que en mayores de 30 años la distribución de la mortalidad fue la siguiente: Enfermedad Coronaria (73,43%), Miocardiopatía Arritmogénica (6,25%), Miocardiopatía Hipertrófica (4,68%). En cambio en los menores de 30 las causas fueron: Miocardiopatía Arritmogénica (13,72%), Miocardiopatía Hipertrófica (11,76%), Anomalías Coronarias Congénitas (9,8%), la Hipertrofia Ventricular Izq. Idiopática (7,84%) y Estenosis Valvular Aórtica (5,88%). La mayoría de las muertes, dentro de estas edades fueron de causa indeterminada (27,45%) es decir con corazón estructuralmente normal, aunque en este grupo tengan importancia otras alteraciones como las “canalopatías”, término acuñado en 1995 para englobar a varios síndromes o alteraciones cardiovasculares que pueden provocar arritmias ventriculares que se manifiestan por síncope y muerte súbita.
En el mismo trabajo se señalan las diferencias con series norteamericanas donde la miocardiopatía hipertrófica ocupa el primer lugar con una incidencia del 36-42% de los fallecidos.
“En Inglaterra los pibes aprenden a jugar al fútbol cuando van al colegio; acá, cuando no van.”
Ricardo Lorenzo, Borocotó (1902-1964)
Cómo prevenir la tragedia
Las bases para disminuir el impacto de este cuadro clínico en atletas y adolescentes tiene un fuerte argumento en la experiencia italiana. Desde 1971, la legislación italiana ha exigido a todos los atletas someterse a una evaluación clínica anual para obtener la aprobación para su participación en deportes competitivos. A partir de 1982 es obligatorio que los atletas de entre 12 y 35 años pasen por pruebas de detección sistemática o de diagnóstico precoz, que incluyen un detallado historial clínico, exámenes físicos y un electrocardiograma; si en las pruebas se descubre un problema cardíaco se impide al paciente competir. Después de analizar durante más de dos décadas los datos de las muertes súbitas ocurridas en la región italiana del Véneto, los investigadores de la Universidad de Padua han llegado a una clara conclusión: los programas de detección sistemática (“screening”) que se realizan a los deportistas antes de una competición, han contribuido a reducir en un 89% el número de estos fallecimientos entre los atletas.
Los adolescentes y adultos jóvenes comprometidos con algún deporte competitivo tenían dos veces y medio más riesgo de sufrir una muerte repentina que la población general. Sin embargo resulta claro que no es el deporte la causa de esas muertes sino la existencia de cardiopatías latentes o no diagnosticadas.
El estudio Trends in Sudden Cardiovascular Death in Young Competitive Athletes After Implementation of a Preparticipation Screening Program publicado en la revista JAMA fue liderado por el doctor Doménico Corrado; el autor destaca que en el período observado el “screening” descalificó a más de mil deportistas por razones de salud y a seiscientos veintiuno por severas anomalías cardiovasculares.
Los autores vieron que los casos de muerte súbita entre los atletas comenzaron a descender desde la introducción de las pruebas sistemáticas hasta llegar a una reducción, en el año 2004, del 89% de los fallecimientos por estas causas. No obstante, este descenso no se observó entre la población que no hacía deporte. Esta gran diferencia entre uno y otro grupo lleva a los investigadores a afirmar que las pruebas de “screening” son las principales responsables de la caída de la mortalidad cardiovascular entre los atletas.
La American Heart Association (AHA), en un documento de 1996 recomienda realizar una historia clínica personal y familiar del deportista y una exploración física, que deben realizarse antes de entrar en el secundario o universidad y de comenzar a entrenar y competir. Mientras que en el primer caso se recomienda repetir el screening completo cada dos años, en los universitarios bastará con actualizar la historia y realizar una toma de la tensión arterial para considerar si es preciso repetir la exploración física o realizar alguna otra prueba. La AHA recomienda investigar de forma particular sobre la historia familiar de muerte súbita o incapacidad significativa como consecuencia de enfermedad cardiovascular en familiares cercanos de menos de 50 años o sobre la existencia de antecedentes de determinadas patologías (miocardiopatía hipertrófica, miocardiopatía dilatada, miocardiopatía arritmogénica del ventrículo derecho, Síndrome de Marfan, Síndrome del QT largo, o arritmias clínicamente relevantes) y síntomas como palpitaciones o síncope que a menudo son la primera señal de estas cardiopatías. En la exploración física se recomienda poner especial énfasis en valorar soplos compatibles con obstrucción en la salida del ventrículo izquierdo, pulsos femorales para excluir una coartación de aorta, signos físicos de síndrome de Marfan y valores de tensión arterial.
La revista Circulation de Julio de 2008 pregunta entre las controversias: ¿Debe incluirse un electrocardiograma en el cribado sistemático previo a la participación de deportistas jóvenes?
La misma publicación señala en sus conclusiones: “En los EEUU hay unos 25.000.000 de deportistas de competición que participan en una red de actividades deportivas y 10.000.000 de deportistas de enseñanza secundaria y universitarios. La estrategia de agregar un cuestionario específico más detallado para identificar a los extremadamente raros deportistas de enseñanza secundaria o universitarios de los EEUU que tienen riesgo de fallecer en relación con el ejercicio resulta prudente, si bien requiere un análisis prospectivo”.
En nuestro medio, durante el pasado Congreso Mundial de Cardiología se presentó el trabajo argentino: Electrocardiographic alterations of prevalence in young sportmen soccer amateur category, correlation with doppler cardiac. El mismo señala que del análisis de las historias del 491 jugadores juveniles de fútbol controlados entre los años 2000 y 2006, los hallazgos electrocardiográficos incluyeron entre otros BCRD (3.4%), BIRD (18.9%), ritmo auricular izquierdo (3.2%), bloqueos A/V de 1º grado (11.2%), de segundo grado tipo Wenckebach (0.6%), HBP (0.6%), HBAI (2.6%), extrasistolias supraventriculares (8.9%), Venticulares (7%), Síndrome de Wolf Parkinson White (2.2%), PR corto (7.2%), Síndrome de Brugada (0.2%); en el trabajo se observaba que la correlación entre hallazgos electrocardiográficos y el ecocardiograma no eran consistentes.
Lo cierto es que una adecuada práctica de la historia clínica, interrogatorio, examen cardiovascular y electrocardiograma, seguidos por ergometría y ecocardiograma de ser necesarios, y a pesar de ciertas observaciones costo-beneficio, parecen una alternativa lógica a la hora de tomar las decisiones que hacen a la aptitud y seguridad de deportistas profesionales o aficionados. Convertir la discusión en una cuestión estadística no ofrece respuestas a las cada vez más frecuentes muertes en directo que ofrecen los medios de comunicación.
La incomprensible pérdida de vidas jóvenes como la del jugador Antonio Puerta del club Sevilla de España, a los 22 años, junto a otros atletas de distintas disciplinas y centenares de jóvenes escolares, debe encontrar una vía orgánica que canalice lo que casi siempre se banaliza como “Apto Físico”.
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