Reflexión
¿Moldeando los miedos…o los niños?
Ene, 2009 • Destacados, Número 42, Rp Internet
Los monstruos infantiles mucho más que un entretenimiento.
“…Entonces apareció el zorro.
- Buenos días – dijo el zorro.
- Buenos días – respondió cortésmente el principito, que se dio vuelta, pero no vio nada.
- Estoy acá – dijo la voz – bajo el manzano…
- ¿Quién eres? – dijo el principito -. Eres muy lindo…
- Soy un zorro – dijo el zorro.
- Ven a jugar conmigo – le propuso el principito-. ¡Estoy tan triste! …
- No puedo jugar contigo – dijo el zorro -. No estoy domesticado.”

Saturno devorando a sus hijos
El miedo; ese constante compañero del hombre es, tal vez, uno de los pocos igualadores de la especie. A través de los tiempos y las diferentes culturas los seres humanos nos hemos encargado de colocar al miedo en un punto primordial de la educación de nuestros niños. Miedo a lo desconocido, a la oscuridad, a los extraños, miedo a Dios, miedo a la muerte.
En referencia a un curso dictado en el Collège de France entre enero y marzo de 1975 por Michel Foucault, el Dr. Adolfo Vásquez Rocca señala: “Foucault prolonga los análisis en torno a las relaciones entre el saber y el poder: poder disciplinario, poder de normalización, bio-poder. A partir de múltiples fuentes teológicas, jurídicas y médicas, Foucault enfoca el problema de esos individuos ‘peligrosos’ a quienes, en el siglo XIX, se denomina ‘anormales’. Define sus tres figuras principales: los monstruos, que hacen referencia a las leyes de la naturaleza y las normas de la sociedad, los incorregibles, de quienes se encargan los nuevos dispositivos de domesticación del cuerpo, y los onanistas, que dan pábulo, desde el siglo XVIII, a una campaña orientada al disciplinamiento de la familia moderna”.
Parece entonces vislumbrarse un paisaje en el cual la domesticación a través de figuras o representaciones de lo distinto tiende a tomar a la infancia como uno de sus ejes primordiales.
En: “Sobre monstruos, cine y cuentos de hadas: intertextualidad e infancia”
Betina Hillesheim de la Universidad Complutense de Madrid continúa analizando esta línea de pensamiento.
En el delineamiento de un nuevo paisaje social y de nuevos raciocinios poblacionales que se firmaron a partir del siglo XVIII, se estableció un nuevo lugar para los niños, los cuales pasaron a ser blanco de operaciones que administran cuerpos y pretenden la gestión calculista de la vida, a partir de determinadas intervenciones que intentan introducirlas en procesos de reglamentación y control. La infancia se vuelve, por lo tanto, un dominio que debe ser conocido, siendo el cuerpo infantil atravesado por relaciones de poder y de saber.
El efecto pigmalión, llamado así en honor a Pigmalión, -Rey legendario de Chipre y reputado escultor que se enamoró de una estatua femenina de su creación-, es el proceso mediante el cual las creencias y expectativas de un grupo respecto a alguien afectan su conducta a tal punto que se provoca en el grupo la confirmación de dichas expectativas.
En todos los grupos sociales, la tradición cultural asigna normas de comportamiento a las que se espera que se adapten sus miembros. Generalmente implícitas, estas normas imponen códigos de conducta que no es fácil rehuir, por ejemplo, el que una mujer deba tener gestos delicados o que si la familia de una persona es adinerada, entonces esa persona debe vivir en una casa lujosa.
Lo que empieza como una imitación por parte de los hijos de lo que hacen sus padres se convierte en su propio modo de ser. Esto quiere decir que las personas adquieren un rol a partir de los demás, y acaban creyéndolo propio. Se puede decir entonces, que somos lo que los demás esperan que seamos.
Los cuentos y otros relatos infantiles, a pesar de su aparente dulzura, introducen a los niños en un mundo lleno de amenazas, de engaño, un mundo en el que nada es lo que parece.
Pensando en un sentido amplio, los cuentos de hadas son habitados por seres asustadores: lobos feroces (como en Caperucita Roja y Los Tres Cerditos), gigantes (como en Pulgarcito), brujas (como en Blancanieves y la Bella Durmiente), fieras (como en la Bella y la Bestia). Seres monstruosos que reeditan los dos grandes monstruos del dominio de la anomalía, el incesto de los reyes y el canibalismo, tales como en Piel de Asno y El Enebro. Cuentos utilizados a la hora de dormir, junto con dulces canciones de cuna que hablan de monstruos, cuando la oscuridad viene a provocar nuestras más aterrorizantes pesadillas.
Un artículo titulado “La infancia; tierra de monstruos” y publicado en el Diario Página 12 señala:
“En cualquier parte, siempre hay monstruos. Quizás, en la oscuridad que parece respirar, o en el trazo deforme de la luz en el piso, o detrás del leve rechinar de una puerta. O, mejor, afuera, entre el leve movimiento de esos árboles que parecen un desfile de sombras, o al final de una calle gris que humea de soledad, o en el fondo oscuro de un lago, quieto como un espejo muerto. En cualquier tiempo, en toda noche, en todo libro, soñamos con monstruos. Sabemos, siempre lo supimos, que ese país interminable llamado Infancia es la Tierra de los Monstruos. Viven allí, entre nuestras risas, participan en nuestros juegos, sus caras inolvidables se reflejan en nuestras lágrimas, sus gruñidos atroces se mezclan con nuestros cantos. Y siempre cantamos canciones de monstruos”.
Cantamos…y seguramente seguiremos cantando y contando a nuestros niños las viejas historias, aquellas que creíamos inocentes relatos para entretener, pero que tal vez oculten una verdad tan oscura como la propia esencia de lo monstruoso. La dominación, el sometimiento, la masificación del individuo.
“-Busco a los hombres -dijo el principito- ¿qué significa domesticar?
-Es una cosa demasiado olvidada - Significa “crear lazos”. Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para tí más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para tí único en el mundo…Si me domesticas, mi vida se llenará de sol.”
El Principito - Antoine de Saint-Exupéry
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•Página-12 Psicología Infancia es la Tierra de los Monstruos
•El significado de lo monstruoso. Los monstruos de nuestra infancia · El Boomeran(g)
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•El Cuco sigue en el ropero - Diario EL PAIS - Montevideo - Uruguay

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